Anoche en la escuela de Acassuso, llegaron los practicantes en silencio, tendieron sus mats y empezaron a hacer Surya Namaskara. Fue un grupo armónico, su respiración tranquila, los cuerpos cansados pero entregados. Diciembre, como todos sabemos, promete diversión pero en realidad nos agota. La práctica nos ofrece amparo dentro de esa agitación de compras, fiestas, pan dulce y bocinazos.
Al poco rato, los vecinos empezaron a ensayar su murga y pronto el silencio de la sala se perforó con tamborazos y silbatos. Pero los practicantes siguieron serenos y concentrados, sus drishtis y dharana intactos. Nadie suspiró con frustración o largó un comentario. Nadie levantó la mirada par decir con los ojos, “Uf, qué molesto”. La práctica siguió su curso en la sala y ni me dí cuenta cuando pararon los tambores, pero en savasana el silencio fue total.

No pude dejar de pensar en la mente y como suena su orquesta durante nuestro sadhana; pero, tal como los practicantes de anoche, podemos aceptar la murga de manas, apoyándonos en la respiración, la mirada quieta, la presencia en el cuerpo y el silencio interno. En algún momento, los tambores dejarán de sonar y nos encontraremos en esa quietud que reconocemos como nuestro verdadero hogar.

Recordemos esto en las próximas semanas. El caos y el consumo se extinguirán pronto en el calor de enero. Mientras tanto, nosotros seguimos en el mat, tolerantes y agradecidos, escuchando la música inaudible del corazón.

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